Cómo iluminar un cuadro

 

Muchos de nosotros tenemos cuadros colgados de las paredes del recibidor, comedor, salón, dormitorio, etc. Ahora bien, para que estas obras luzcan en todo su esplendor, es preciso que reciban una iluminación apropiada.

Así, una buena iluminación destacará los principales elementos de la obra, además de ocultar posibles defectos o daños que se hayan producido en la misma.

Ello es bien sabido por los responsables de los museos, quienes siempre prestan gran atención a la iluminación de las obras expuestas, a fin de resaltar todas sus características.

¿Qué fuente de luz debo escoger?

Las bombillas tradicionales quedan claramente desaconsejadas por diversas razones.

Por un lado, las lámparas incandescentes y las halógenas proyectan una luz amarillenta y tenue, pues para no dañar las obras requieren de una intensidad lumínica baja. Su índice de rendimiento cromático es bajo, lo cual resta nitidez, fuerza y matices a las obras de arte.

Por otro lado, los fluorescentes son particularmente perjudiciales para los cuadros, ya que su concentración de rayos ultravioleta daña severamente los colores.

Llegados a este punto, y siguiendo el ejemplo de numerosos museos, lo mejor es optar por la tecnología LED.

No vamos a insistir demasiado en el tema, pues ya hemos hablado sobre ello un sinfín de veces. Baste decir, no obstante, que gracias a las luminarias LED los cuadros ganan enormemente en naturalidad y en riqueza de detalles –especialmente en los segundos términos-. Además, al no emitir calor ni rayos infrarrojos ni ultravioleta, se conservan mucho mejor.

Cómo iluminar un cuadro

Lo primero a tener en cuenta son las características de la obra. En general, suele emplearse una iluminación lo más natural posible, aunque también podemos encontrarnos con iluminaciones no naturalistas que buscan potenciar determinados elementos expresivos del cuadro o corregir defectos del mismo.

Asimismo, dependiendo de las dimensiones de la obra necesitaremos más o menos luces. Por lo general, con uno o dos focos será más que suficiente; sin embargo, si se trata de un cuadro de gran tamaño, precisaremos de más fuentes de luz. Salvo que las características de la obra requieran otra cosa, es importante que la iluminación sea lo más homogénea posible, y que no hayan zonas del cuadro sin iluminar o que reciban un menor aporte de luz.

También podemos experimentar con diferentes ángulos, de modo que la luz se proyecte con mayor o menor intensidad o para obtener un efecto lumínico concreto.

Finalmente, otro aspecto a tener en cuenta es si el cuadro esta protegido con un cristal, ya que entonces pueden producirse reflejos que afeen el conjunto. Para contrarrestar este efecto indeseado, existen los llamados “vidrio antirreflejo”, si bien tienen la desventaja de que restan nitidez a la obra.

Esperamos que estas sencillas pautas te sean de utilidad a la hora de iluminar de la mejor manera posible tus cuadros. Gracias por tu atención y hasta la próxima.

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